Baby, It's Cold Outside

Thursday, June 2nd, 2011
Baby, it's cold outside

Here on Wednesday, June 1, I'm on my way home at last, and can report that all the reports about the impossibly bad weather in the Northwest are true - this has been the crappiest spring following the worst winter in the collective memory of almost everybody I know in Seattle, including my diehard, Northwest-born friends, who claim to like it cold, wet and windy. But they only like it that way 300 days a year. When you get it 360 days a year, it's a problem.

That doesn't prevent my fanatical Northwest surfer pals from heading out to the coast in search of cold water waves whenever possible, however, and so on the one day I was able to sneak away from the interminable tasks I needed to do in Seattle, we headed south to Olympia on Highway 5, one of America's once grand and lovely freeways, now lined with visually repugnant commercial and cultural refuse. But that's just free enterprise at work folks, and there's no stopping it, not there, and not here either. Highway 200 from Bucerias to PV is not what I'd call a scenic thoroughfare.

Anyway, from Olympia we headed west to Aberdeen, once a grand little logging town, now a brokendown relic of a different America. This is where late, great rock n' roll star Kurt Cobain of Nirvana was born, bred, and transformed into a grunge icon, dead at 27. At Aberdeen, my usual surf route takes me south across the inland end of Gray's Harbor, and west to fabulous Westport, Washington, but on this particular trip, we continued straight ahead, bound for a resort town.

A beachfront town with a trailer park next to a surfing wave; with somewhat pompously-overbuilt second homes right on the sand, looking out on the surf; with restaurants and hotels also built directly onto the beach. This was once a small fishing community populated by a few hundred fishermen and farmers. Now it is overrun with tourists, ex-pats, and people looking to escape whatever their lives are about.

Sounds a bit like Sayulita, doesn't it--but not quite. Not with 45-degree air and 50-degree water, in late May. No, this ain't Sayulita; this is the resort town that doesn't quite qualify as a resort, not in my book, anyway - Ocean Shores, Washington.

What a grim place. Cold, desolate, windblown, populated primarily by grim-looking dudes in big trucks and people walking around seeing the "sights," wrapped in winter clothes in May. Dark trees, dark roads, dark rain, dark wind.

But hey, I was there with my friends to go surfing. That's my pal Eva in the pic with me. I've known her since she was 7. Her dad, Peter Erickson, is one of my oldest and best friends, my stalwart north country surf partner, and a true waterman-this guy grew up in the Bahamas, now lives on a houseboat in Seattle, and surfs this cold water junk every chance he gets. As does his daughter Eva, who has spent the last year in the jungles of Colombia, in South America, helping a local tribe figure out how to live in the modern world, to which they were only introduced a year or so back. Peter's son Alex and two of his friends were there as well, but they were otherwise engaged with some herbal medication when Peter took this picture with his phone.

Surfing is almost always about hanging out with friends. When you walk half a mile down a frozen, windswept beach, and then plunge into blown-out, head-high closed-out waves, fully wetsuited from head to toe with only your face exposed, it is almost only about hanging out with friends.

I caught half a dozen bad little waves and then went in. Three hours by car each way. At least we had a chance to get caught up, and as I said to them while slowly defrosting en route back, "Now I remember why I moved to Sayulita!"

Bebé, hace frío afuera

He aquí el miércoles, el primero de junio, y estoy al camino a mi casa por fin, y puedo informarles que todos las noticias sobre el tiempo increíblemente malo en el Noroeste son verdaderas-ha sido la peor primavera siguiente el peor invierno en la memoria colectiva de casi todos que conozco en Seattle, incluyendo a mis acérrimos amigos de origen del Noroeste que me dicen les gustan el frío, la humedad y el viento. Pero sólo les gusta que sea así 300 días al año. Cuando llega a ser así 360 ​​días al año, es un problema.

El clima no impide que mis fanáticos
amigos surfistas del Noroeste salgan por la costa en la búsqueda de olas en agua fría cuando sea posible, así que un día que era capaz de escabullirme de las tareas interminables que tenía que hacer en Seattle, nos dirigimos al sur a Olimpia por la Autopista 5, una de las autopistas, una vez más grande y hermosa de todas de los Estados Unidos, ahora llena de basura comercial y cultura,l visualmente repugnante. Es sólo el sistema de empresa libre trabajando, compañeros, y no hay forma de detenerlo, ni allá, ni aquí tampoco. La carretera 200 de Bucerias a PV no es lo que yo llamaría una carretera escénica.

De todos modos, desde Olimpia nos dirigimos al oeste de Aberdeen, una vez un gran pueblito de registro, ahora una reliquia desalentada de un América diferente. Aquí es donde el gran estrella de rock, Kurt Cobain, del grupo Nirvana, fue nacido y criado, y que luego se transformó en un ícono del "grunge," muerto a los 27 años. En Aberdeen, mi ruta habitual de surf me lleva al sur a través del extremo interior del puerto de Gray, y al oeste al fabuloso Westport, Washington, pero en este viaje particular, continuamos derecho, con destino a un resorte de vacaciones.

Un pueblo frente a la playa con un parque de caravanas junto a una ola de surf, con un poco de segundas residencias pomposamente-sobredimensionadas a la derecha en la arena, mirando hacia fuera en las olas, con restaurantes y hoteles también construidos directamente sobre la playa. Una vez fue una pequeña comunidad pesquera poblada por unos pocos cientos de pescadores y agricultores. Ahora bien, es invadida por los turistas, ex-patriotas, y las personas que buscan escapar de todo de sus vidas.

Suena un poco como Sayulita, ¿no es cierto? - pero no del todo. No con el aire de 45 grados y 50 grados el agua, a finales de mayo. No, esto no es Sayulita, esto es un lugar turístico que no acaba de calificar como un resorte turístico, por lo menos no para mí, -Ocean Shores, Washington.

¡Qué lugar tan sombrío!. Frío, desolado, con viento, poblado principalmente por tipos de aspecto sombrío manejando grandes camiones y personas caminando por ver las "vistas," envueltas en ropa de invierno en mayo. Arboles oscuros, caminos oscuros, lluvia y viento oscuro.

Pero bueno, yo estaba allí con mis amigos para surfear. En la foto conmigo es mi amiga Eva. La conozco desde que tenía 7 años. Su padre, Peter Erickson, es uno de mis amigos más antiguos y mejores, mi compañero incondicional del surf del norte, y un verdadero barquero-este hombre se crió en las Bahamas, y ahora vive en una casa flotante en Seattle, y se encuentra navegando por esta basura de agua fría cada vez que pueda. Al igual que su hija Eva, que ha pasado el último año en las selvas de Colombia, en América del Sur, ayudando a una tribu local averiguar cómo vivir en el mundo moderno, al que se han introducido hace un año atrás. Alex, el hijo de Pedro, y dos de sus amigos estaban allí también, pero ellos se dedicaban a preocuparse con algunos medicamentos herbales cuando Pedro tomó esta fotografía con su teléfono celular.

El surf casi siempre se trata de salir con amigos. Cuando uno camina un kilómetro por una playa congelada, azotado por el viento, y luego se sumierge en ondas fuertes y cerradas a la altura de la cabeza, totalmente cubierto de pie a cabeza con sólo la cara expuesta, es casi sólo de salir con los amigos .

Cogí una media docena de pequeñas olas malitas y luego paré. Tres horas en coche, ida y vuelta. Por lo menos tuvimos la oportunidad de pasar tiempo juntos, y como les dije mientras poco a poco me descongelé en el camino de vuelta, "¡Ahora me acuerdo por qué me mudé a Sayulita!"

Translated by Leah Jewall