Listening to the Silence

Thursday, March 29th, 2012
Listening to the Silence

"Let's listen to the silence"; that sentence I have not forgotten. I have always had it present. I heard it during one of those simple events - spontaneous, unexpected - a product of the impressive natural surroundings. It was said by my brother, my fishing companion. I still remember that I was stunned, since in that moment no other comment could have been so overwhelmingly obvious.

We were offshore in the Bajo de Bejarano; an area where we used to fish shark, about 50 to 60 meters deep. From there it was difficult to determine the distance to the shore. On a clear day the hills were visible. With a little mist the hills began to fade or one could just barely sketch their shape. On hazy or cloudy days one was left with virtually no reference, with no more guidance than the sea current or the way that wind moves the waves.

Here, in a quiet sea without current, it was possible to see the white belly of the sharks from a depth of 25 to 30 meters, if not more, while we pulled them up. It was in this place, one clear and exceptionally quiet day, without waves, without wind, without birds in the sky, without any movement, in a sea of deep dark blue, that we were imperceptibly immersing ourselves, and were being absorbed by that overwhelmingly and overpoweringly delicious and, I would say, even mystical silence.

The first to understand it was my brother who, putting aside his activity of the moment, and then calmly peering into the vast horizon, said seriously: "LET'S HEAR THE SILENCE". Since then, to "hear" the silence has been a dignified and respectable thing for me. It caused such an impression that I granted it the value of prayer.

Escuchando El Silencio

Escuchando el Silencio

"Vamos a escuchar el silencio": esa frase no la he olvidado, siempre la he tenido presente. La escuché durante uno de esos eventos simples, espontáneos, nacidos por si solos, producto de la impresionante naturaleza que rodea.
Lo dijo mi hermano, mi compañero de pesca. Aún recuerdo que quedé pasmado, pues en su momento ningún otro comentario hubiera sido tan abrumadoramente obvio.

Estábamos mar adentro en el llamado "Bajo de Bejarano", un área donde solíamos pescar tiburón, lugar de unos 50 a 60 metros de profundidad. Desde allí es difícil precisar la distancia a tierra; en días claros los cerros son visibles y permiten ubicarse con facilidad, con un poco de bruma los cerros empiezan a perderse o apenas dibujar su silueta, con bruma acentuada o días nublados prácticamente queda uno sin referencias, sin más orientación que la corriente marina o el sentido en que el aire conduce las olas.

Aquí, con mar quieto y sin corriente, era posible ver blanquear el vientre de los tiburones mientras los subíamos, desde una profundidad -posiblemente- de 25 a 30 metros si no es que más. Fue en este lugar, un día claro y excepcionalmente quieto: sin olas, sin viento, sin aves en el cielo, sin movimiento de nada, en un mar de un azul oscuro profundo, que imperceptiblemente íbamos impregnándonos y siendo absorbidos por ese aplastante, sobrecogedor, delicioso y yo diría, hasta místico silencio.

El primero en comprenderlo fue mi hermano, quien haciendo de lado la actividad de ese momento y oteando calmadamente en el vastísimo horizonte, me dijo con seriedad: "VAMOS A ESCUCHAR EL SILENCIO"
Desde entonces, "escuchar" el silencio ha sido cosa digna y respetable para mí, me causó tal impresión que le concedo el valor de la oración.

Translated by Narayani, Pariso Yoga