The Magic of Sayulita

Friday, April 27th, 2012
Magic of Sayulita

In the late 70's we moved to Sayulita. The events around us then are still present in my memory. At that time our sense of wonder was always present. I'd say we moved, perhaps without being fully aware of it, in a permanent sense of gratitude for the abundance and splendor of this wonderful place: fresh air, a breeze that caressed our faces, oxygen penetrating our pores, soft sea foam that licked our feet, small crabs running fast along the sand leaving behind their calligraphy of footprints, hundreds of birds that drew their freedom in the sky, thousands of small shells and snails that made one guess at the internal wealth of the huge sea, unknown and unpredictable, the endless murmur of waves, an example of eternal life.

It was all a symphony of nature inviting one to integrate and be guided to not be out of tune. Without a doubt, my wife and I were capable of harmonizing with this new life. Having left behind our city life, we were now facing a new horizon, beautiful, the most beautiful ... yet at the same time unknown and uncertain.

Why do I say that we were able to harmonize with nature and that we were part of this symphony? Let me tell you something that describes a small example of what we talked about and shared daily at the end of the day, as we quite often pondered the meaning of life.

Our life took place on the shore of the sea in a small house lost in the jungle; the nearest neighbour was at least 100 meters away. My job was at sea and although occasionally my wife accompanied me to fish, usually she stayed at home. One day, she waited anxiously to tell me one of many events that happened to her. I remember very well the scene; the little white house on the edge of the beach, a small terrace that allowed one to watch the sea and the mountains, intensely dark green trees surrounding our house which we gently fought so as not to invade our space. A few small birds had taken those trees as home, birds looking a bit "gray" but with breasts full of wonderful songs that not only reached our ears, but that touched other senses connected with the soul.

Sayulita Magic

One particular afternoon, as I was saying, upon returning to the house, my wife Tere talked to me excitedly about experiences that remain forever etched in my mind. She dragged to the edge of the terrace, a rickety rocking chair, a very comfortable one that she used to sit in while feeding our son. It was the custom of our creature to raise one leg, keeping it high up, pulling it with his hand. Part of this ritual included a penetrating gaze riveted on his mother while he ate. In this scenario that I described, the sea, mountain, horizon, background music of birds ... she went away through that look to the edge of becoming lost, "to melt," she said, with everything around her so that mother, child, sea, mountains ... all were one, and that "one" was simply TO BE. This can be said simply, but to feel that bubble break that brings you back to reality after a moment or a life of ecstasy, caused her to anxiously await me to tell me what happened. Even now I still remember it with emotion. I keep asking myself:  What does one do to not lose sight of what's important.

La Magia de Sayulita

A finales de los años 70´s cuando llegamos a vivir a Sayulita, los acontecimientos que nos rodeaban continúan presentes en mi memoria. En ese entonces, nuestra capacidad de asombro siempre estuvo presente, yo diría que nos movíamos, quizás sin ser totalmente conscientes de ello, en un permanente sentimiento de agradecimiento a la abundancia y esplendor de este lugar maravilloso: Aire puro, brisa que acariciaba nuestro rostro, oxígeno que penetraba nuestros poros, tenue espuma de mar que lamía nuestros pies, pequeños cangrejos corriendo veloces por la arena dejando tras de sí la caligrafía de sus huellas, cientos de aves que trazaban en el cielo su libertad, miles de pequeñas conchitas y caracoles que hacían adivinar la riqueza interna de ese mar enorme, desconocido e impredecible, murmullo interminable de olas, ejemplo de la eterna vida.

Todo era una sinfonía de la naturaleza que invitaba a integrarte y que terminabas por dejarte guiar para no desentonar. Sin duda, mi esposa y yo fuimos capaces de armonizar con esa nueva vida.  Habiendo dejado atrás una vida citadina, nos encontrábamos ahora frente a un nuevo horizonte, bello, bellísimo... pero a la vez desconocido e incierto.

¿Por qué digo que fuimos capaces de armonizar con la naturaleza y que formábamos parte de esa sinfonía?
Déjenme contarles algo, describirles un pequeño ejemplo de lo que cotidianamente platicábamos y compartíamos cuando el día terminaba pues con relativa frecuencia nos cuestionábamos el sentido de la vida.

Nuestra vida transcurría a la orilla del mar en una pequeña casita perdida en la jungla, el vecino más cercano distaba como a 100 metros, mi trabajo estaba en el mar y aunque ocasionalmente mi esposa me acompañaba a pescar, por lo general se quedaba en la casa. Un día, me esperaba ansiosa para platicarme uno de tantos sucesos que le acontecieron.
Recuerdo muy bien el escenario, la casita blanca a orillas de la playa, una pequeña terraza que permitía observar el mar y la montaña, árboles de un verde oscuro intenso que rodeaban nuestra casa y que amablemente luchábamos con ellos para que no invadieran nuestro espacio, unos pequeños pajarillos que tomaban esos árboles como su hogar, pajarillos de apariencia un tanto "gris" pero con un pecho lleno de cantos maravillosos que no solo llegaban a nuestros oídos sino que tocaban otros sentidos conectados con el alma.

Una tarde, como les decía, al regresar a la casa, Tere mi esposa me platicaba con mucha emoción una de esas experiencias que quedan por siempre grabadas. Llegada determinada hora de la tarde, ella arrastraba hasta la orilla de la terraza una mecedora desvencijada, pero muy cómoda, en la que acostumbraba sentarse mientras amamantaba a nuestro hijo. Era costumbre de nuestra creatura, levantar una de sus piernas manteniéndola muy arriba jalándola con su mano; parte de este "ritual" incluía una penetrante mirada clavada en su mamá mientras comía.  Ante este escenario que les comento, mar, montaña, horizonte, fondo musical de pajarillos... ella "se fue" a través de esa mirada al grado de perderse, "de fundirse" -dijera ella- con todo lo que le rodeaba, de manera que madre, hijo, mar, montaña... todo, eran una sola cosa, esa "sola cosa" era simplemente SER.

Puede esto decirse con sencillez, pero sentir que truena una burbuja que te regresa a una "realidad" después de un "momento", o una "vida" de éxtasis, causó que ella estuviera ansiosa esperándome para contarme lo sucedido. Aún ahora sigue recordándolo con emoción. Yo continúo preguntándome: ¿Qué hacer para no perder de vista lo esencial?