No Place Like Home

Friday, September 24th, 2010
Sayulita

This summer, for the first time since we moved to Sayulita, we left. Not for the whole season, but for a solid 4 weeks - a substantial break from home and work life. We spent time with family and friends -- disconnecting from our computers, jobs, and daily responsibilities while reconnecting as a family unit. After a week in the mountains without internet, we returned to civilization and were shocked to learn of the devastation happening in Sayulita. Feeling helpless from so far away, we were intensely moved by the mobilization of our community that came together to help those in need, provide mattresses and devote days cleaning out mud-filled homes.

Having always prided ourselves on sticking it out through the hot wet summers, I felt such an intense mix of emotions being away as Sayulita struggled to stay afloat amid the rushing river and torrential rains. As our return date loomed ahead, I was torn between the desire to get back to my home and community, and honestly, the fear of what I would find on that return - of how bad things might be.

tamarindo valley

sunny tamarindo

As with many worries in life, problems in our heads so often outweigh the reality of a situation, and being back home has been a grounding experience. Sure, things are grimier than usual, but in contrast to the extra mud, our community spirit is shining extra bright - having come together in response to what seemed insurmountable a short few weeks ago, and faced the cards that mother nature dealt us full on. There is plenty of work to be done, and fortunately plenty of us here to do it. So when the mud and dirt and fallen bridges loom large, I will try to focus on the contrasting beauties like the hand-sized butterfly fluttering through my garden; the intense green of the jungle and the blue of the sunny skies; the liberties of living our life here in Mexico; the joy in my son's eyes at being in his home. Amidst the challenges, there are still so many summer loves.

xo, Andrea Villarrubia

No Hay Ningún Lugar Como la Casa de Uno

lush jungle
Este verano, por primera vez desde que nos mudamos a Sayulita, nos salimos. No para toda la temporada, sino por un bloque de cuatro semanas - un descanso de nuestra casa y la vida laboral. Pasamos tiempo con la familia y amigos - desconectando de nuestros computadores, trabajos y responsabilidades diarias al volver a conectar con el núcleo familiar. Después de una semana en las montañas sin internet, regresamos a la civilización y nos sorprendimos al enterarnos de la devastación sucediendo en Sayulita. Sintiéndonos impotentes desde tan lejos, nos conmovió profundamente por la movilización de nuestra comunidad que se unió para ayudar a los necesitados, proporcionando colchones y dedicándose a días de limpiar casas llenas de barro.

Siempre haber sido enorgullecidos de aguantar los veranos húmedos y calientes, sentí una mezcla intensa de emociones de estar tan lejos mientras Sayulita luchaba para salvar sus casas del río inundado y las lluvias torrenciales. A medida que nuestra fecha de regreso nos acercaba, me debatía entre el deseo de regresar a mi hogar y la comunidad, y honestamente, el miedo a lo que encontrara - de lo mal que las cosas pudieran ser.

maquina at work

roadwork in progress

Igual que muchas preocupaciones en la vida, los pensamientos tantas veces son peores que la realidad de una situación, y estar de vuelta a casa ha sido una experiencia buena.
Claro, las cosas son más sucias de lo habitual, pero en contraste con el barro, nuestro espíritu de comunidad está brillando extra brillante - que se une en respuesta a lo que parecía imposible hace unas pocas semanas, y se enfrentó a lo que la madre naturaleza nos trajo. Hay mucho trabajo a hacer, y afortunadamente muchos de nosotros aquí para hacerlo. Por eso, cuando el barro y la suciedad y los puentes caídos me parecen abrumadores, voy a tratar de concentrarme en la belleza contrastante - como la mariposa del tamaño de la mano revoloteando a través de mi jardín, el verde intenso de la selva y el azul de los cielos soleados, las libertades de nuestra vida aquí en México, y la alegría en los ojos de mi hijo de regresar a su casa. En medio de los retos, aún quedan muchos encantos de verano.

xo, Andrea Villarrubia