The Seagull in Sayulita

Friday, March 16th, 2012
Seagull

It was a winter afternoon in Sayulita, my wife and I were sitting quietly on the terrace of our house watching the sunset. Suddenly, our tranquility was disturbed when we saw Bianco, our dog, coming closer to us with a seagull in its jaws. Tere was alarmed by imagining he had hurt it, so I shouted from afar Bianco! Immediately, the dog put the battered gull down on the floor. We came quickly to where we found it inert, all slimy and slobbered on, but apparently not hurt. My wife, in a very caring way, immediately prepared a shoe box for the seagull to spend the night, hoping for it to recover because we had no idea what to do with it. She put the box in a corner of the house hoping the next day to bring us all a favorable outcome. Early the next day the first thing we did was to see if the seagull was still alive ... What a nice surprise! She appeared to be fine!

Seagull1

I took the gull carefully into my hands and with great excitement, went out to the terrace. I had one of my hands on the animal's back trying not to hurt her. Once on the terrace overlooking the sea, we decided to release her, hoping that as soon as she felt free, the gull would be terrified enough to start flying. "There you go!" I said, pushing both hands up as if I was throwing her toward the sea. I removed slightly the hand that gently held her wings ... but ... oh, surprise! The seagull did not fly! We surmised, "She's surely hurt."

We soon realized that the gull had stayed in my hands because she first needed to loosen up. She gracefully stretched her wings almost like a ballet dancer with outstretched arms standing on tiptoe. The ritual continued as she fully extended her right wing to close abruptly, soon after doing the same with her left wing, repeating the movements several times looking in all directions as if recognizing where she was. She seemed to be focusing on everything except us, we who were apparently unnoticed or not of any use. Gradually, she began to flap harder and with two wings at once, even briefly suspending into the air only to quickly return back to my hand.

A few minutes later, we witnessed a series of warm-ups that apparently many birds do in the morning before taking flight, the variant this time being that it was done while resting on my hands and not on rocks or Manzanilla trees where they usually spend their nights. Finally, when the gull felt it was in good enough condition and with the wide open sea at its disposal, it flew until it was out of sight and we could not see it any more. We sighed and smiled pensively as we entered the house hugging each other.

By Fausto Robles
Playa Escondida, Sayulita
Translated by Marcelo Moreno

La Gaviota en Sayulita

La Gaviota

Era una tarde de invierno en Sayulita, mi esposa y yo estábamos apaciblemente sentados en la terraza de nuestra casa viendo el ocaso. De pronto, nuestra quietud se vio alterada cuando vimos a Bianco, nuestro perro, que venía acercándose hacia nosotros con una gaviota en el hocico, Tere se alarmó imaginando que la había lastimado así es que desde lejos le gritó ¡¡Bianco!!... de inmediato el perro depositó en el suelo la maltratada gaviota. Llegamos rápidamente al lugar donde la encontramos inerte, toda babeada, mas no lastimada, aparentemente. Mi esposa, con mucha dilección, de inmediato le acondicionó una caja de zapatos donde la acomodó para que pasara la noche esperando que se recuperara pues ni idea teníamos de qué hacer con ella, luego puso la caja en un rincón de la casa esperando que el desenlace fuera favorable para el siguiente día que fuéramos a revisarla.

Al siguiente día muy temprano lo primero que hicimos fue ir a ver si la gaviota aún permanecía con vida... ¡Qué agradable sorpresa!, al parecer la gaviota estaba bien. Tomé la gaviota con mucho cuidado entre mis manos y entusiasmados salimos a la terraza. Tenía una de mis manos sobre el lomo del animalito pensando en no lastimarla. Ya estando en la terraza y contemplando el mar a nuestros pies nos propusimos ponerla en libertad, esperando que en cuanto se sintiera libre, despavorida emprendiera el vuelo. "¡Ahí va!", dije, impulsando las dos manos hacia arriba y como lanzándola al mar a la vez que quitaba la mano que levemente oprimía sus alas... pero... ¡Oh sorpresa! ¡La gaviota no voló! Dijimos: "seguramente sí está lastimada".

Pronto comprendimos que permaneció sobre mi mano esperando desentumecerse. Enseguida vimos cómo se estiraba con elegancia figurando una bailarina de ballet con los brazos abiertos parándose de puntillas. El ritual continuó extendiendo completamente su ala derecha para enseguida cerrarla de manera brusca, después su ala izquierda, repitiendo el movimiento varias veces a la vez que volteaba en todas direcciones como reconociendo el lugar. En todo fijaba su atención menos en nosotros, quienes al parecer pasábamos desapercibidos o le éramos indiferentes. Gradualmente empezaba a aletear más fuerte ya con sus dos alas a la vez, incluso, se suspendía por unos instantes en el aire y se volvía a posar sobre mi mano.

Esa vez fuimos testigos de toda una serie de ejercicios de calentamiento que por lo visto, las aves acostumbran realizar por las mañanas antes de emprender su vuelo definitivo, con la variante que esta vez se realizó posada en mis manos y no sobre las rocas o sobre los árboles de manzanilla donde acostumbran pernoctar. Finalmente, cuando sintió que estaba en óptimas condiciones y teniendo enfrente el amplio mar, solo emprendió el vuelo donde se nos perdió de vista y no la vimos más. Nosotros solo suspiramos y sonriendo pensativos entramos abrazados a la casa.

Por Fausto Robles
Playa Escondida, Sayulita
Traduccion por Marcelo Moreno